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domingo, 12 de julio de 2015

Iker I de España

Y por fin el culebrón más vergonzoso de la historia reciente del Real Madrid llegó a su fin. Con el comunicado oficial de la noticia y la “emotiva” carta se le daba la despedida al mejor portero de la historia tras años jugando al acoso y derribo que tuvieron como epílogo unas negociaciones humillantes por parte del considerado mejor Club del Siglo XX.

Iker Casillas Fernández sale del Real Madrid tras 25 años de servicio. Forjada su leyenda con actuaciones memorables, títulos pero sobre todo madridismo, se ha ganado un hueco en el corazón de los seguidores del club de Concha Espina, un patrimonio nacional que lejos de respetarse parecía vivir expuesto en el escaparate desde hace años. Capaz de parar balones imposibles y frenar a los delanteros más temibles, no ha podido detener los ataques que le han ido disparando con efectos envenenados. Puede que la españofobia de un maniático entrenador portugués que quitó más que dio, o el casarse con una periodista de Mediaset con la mala prensa que pudiera tener para la competencia, o el moobing que desde su Club le estaban haciendo encabezado por un presidente ensimismado en mirarse el ombligo y autoproclamárse el Bernabeu del siglo XXI, o la prensa partidista con muchas intereses ocultos que veían los partidos donde él defendía la portería con un cuchillo entre las manos a la espera de clavarlo en su víctima preferida.



Y hoy domingo (precisamente ahora mismo comparece en rueda de prensa), se confirma la marcha de un emblema del fútbol español al que quiero dar las gracias por los servicios prestados. Te ganaste el derecho de ser santo porque hiciste milagros como en esa tanda de penaltis contra Italia en la Eurocopa que cambió la historia del fútbol español, quitándonos los complejos de un plumazo para ser el preludio de la edad de oro del deporte rey; o como el pie que detuvo a Robben, que tuve el privilegio de ver en directo para terminar levantando al cielo la Copa soñada en Johannesburgo; o como venciste tus miedos en Glasgow demostrándote a ti mismo que las alineaciones comenzaban con y con el 1 Casillas.

Pero el 23 de Enero de 2013 al Santo le empezaron a cortar las alas. Su lesión en la mano en Valencia fue la excusa perfecta para sacarlo de las alineaciones, para iniciar la campaña de desprestigio y para
quitarle la confianza, apareciendo las fatales dudas de microsegundos que hacen dudar a un portero y fallar. Despojado de confianza, su caída a los infiernos era cuestión de tiempo.

Casillas se une a la lista de la vergüenza en la que figuran ilustres madridistas como Hierro, Del Bosque o Raúl, emblemas que salieron por la puerta de atrás en un club ególatra que parece olvidar la esencia que le hizo grande, la de reconocer a los jugadores que han sido historia del Club, que se ha convertido en empresa, más preocupada en fichajes estratégicos para construir carreteras en Costa Rica o Colombia o expandirse en el mercado asiático que en honrar a sus trabajadores.

Los caprichos del destino suelen ser traviesos y sino que se lo pregunten a Morientes (Mónaco) o Morata (Juventus) que encontraron en los designios de la Champion la oportunidad de cicatrizar heridas. El Oporto se lleva a un gran portero (reconocido durante 5 años como el mejor del mundo) que sin estar en su mejor forma (la edad no perdona) aún dará tardes de gloria

Se va Casillas, de profesión portero, uno de los mejores de la historia. Y aunque está bien intentar ser el mejor en tu trabajo, la valía de una persona no debiera definirse por sus logros profesionales sino por la calidad de su persona. En la campaña de desprestigio, a Iker lo vendieron como pesetero (¿perdonaría usted su sueldo si su empresa, que le está haciendo moobing lo quiere despedir? y no hable de la demagogia de que su sueldo no es el nuestro), como un chivato, como un vendido a la causa culé por intentar hacer las paces con su amigo Xavi…Yo miro a Casillas y veo a una buena persona, a un hombre que va de frente y que va con la cabeza bien alta, cosa que no todos pueden decir.

No se me ocurre mejor forma de terminar este reconocimiento que con la siguiente frase que he leído en las redes sociales:

“El fútbol no tiene memoria, pero sí tiene historia. Cuando el tiempo ponga a cada uno en su lugar, Casillas seguirá siendo eterno”


3 Copas de Europa, 1 Mundial de Clubes, 2 Intercontinentales, 2 Supercopas de Europa, 5 Ligas, 2 Copas del Rey y 4 Supercopas de España con el Real Madrid, y 1 Mundial y 2 Eurocopas con la selección absoluta española. Trofeo Zamora, Trofeo Bravo y elegido en 5 ocasiones mejor portero del mundo. Es, además, Premio Príncipe de Asturias de los Deportes.




Gracias por todo Iker, nuevo Dragon de Oro

martes, 3 de noviembre de 2009

Pellegrini en el punto de mira

Falta exactamente una hora y 15 minutos para que el Real Madrid salga a uno de esos coliseos vetados a modo de terreno de juego, uno de los pocos estadios en los que el conjunto madridista no ha conseguido nunca imponer su hegemonía en partido oficial. Uno de esos partidos grandes entre dos leyendas lejos de la pomposidad con la que años atrás deslumbraran al mundo. Un Milán-Real Madrid donde velado por las 16 Copas de Europa que entre los dos albergan en sus vitrinas, es demasiado argumento futbolístico para seguir un partido que en su primera contienda decepcionó a propios y extraños.

Una noche europea de las grandes que sin embargo se eclipsa por un continuo (y bajo mi entender) absurdo debate ante el eterno match ball en el que parece vivir Pellegrini, un técnico sin nombre ni cuna, que ha ido labrando un sueño que parece poder convertirse en pesadilla en la Fábrica de la Castellana. Y es que el rumor circula por radio, prensa y televisiones: las altas esferas madridistas parecen haber puesto cerco a su cabeza, y todo indica que estarían dispuestos a sacrificar a un entrenador que está lejos de decir su última palabra.

No hay nada más nocivo que la desinformación o una información malintencionada. Pellegrini era el elegido, el ingeniero, la figura silenciosa que sería el mimbre para la nueva galaxia, la persona más indicada y cualificada como ya había demostrado con un submarino amarillo que paseó con tanta dignidad por Europa y en la competición doméstica, donde se creyó un David capaz de tumbar a los eternos y multimillonarios Golliats. Tras la más convulsa época madridista con los nanines y calderones de turno, todo hacía indicar que el club encontraría sosiego en la larguirucha figura de un chileno, tan elegante como educado, una de esas personas que domina los tempos y sabe encontrar muchas veces en el silencio la mejor de las respuestas. Apoyado por el elenco de futbolistas que se presentaron este verano con pomposidad de jefes de estados, el bueno de Pellegrini se subía a un tren en marcha con visas de ser un transatlántico.


Pero han hecho falta nada más que cuatro meses para que los viejos carroñeros que merodean la capital busquen carne fresca, en esa máquina trituradora de técnicos en la que parece haberse convertido el Real Madrid. Una derrota previsible en un hervidero como es Nervión, ante un gran equipo que además rindió hipermotivado, y el dejarse llevar ante un raquítico Milán que fue capaz de contagiar sus carencias fueron suficientes argumentos para crucificar a un técnico que contaba todos sus partidos por victorias hasta la fecha. Dos pruebas de fuego erradas que gracias a la corriente derrotista que se ha formado han hecho que algo huela a podrido desde las altas esferas del club. Tras el rum rum, vino el anodino empate en Gijón y el descalabro titulado como “el mayor ridículo de la historia madridista” por un Alcorcón que sacó los colores con cuatro goles que hacían desangrar la credibilidad de un proyecto que parece desmoronarse ante el primer obstáculo en el camino.


¿Pero realmente Pellegrini tiene la culpa? Se dice, se cuenta, que un equipo juega como entrena, pero sinceramente no me creo que el Madrid entrene andando como lo hizo ante el Milán, donde no sólo faltó tensión, sino también ilusión por unos jugadores que sin ganar nada parecen haber caído en la comodidad. Porque por mucho que se intente culparlo, Pellegrini no tiene nada que ver con lo sucedido en Alcorcón, con todos los respetos hacia un club modesto que demostró las miserias de una plantilla aburguesada y acomodada. Porque con un equipo repleto de internacionales, y aunque los jugadores permutaran sus posiciones, el resultado tenía que haber sido otro. Pienso que con Raúl de portero y Dudek de delantero centro, el Madrid debería seguir ganando un partido en el que un club como el merengue no tiene nada que ganar, pero mucho que perder, sobre todo un prestigio que se vio mancillado ante la escasa vergüenza torera de una plantilla que ante el primer tropiezo parece bajar los brazos.

Pellegrini pareció salvar su primera bola de partido echando mano de la épica tras jugar una hora en inferioridad numérica contra un Getafe que ejerció de hermano pequeño y acomplejado, auspiciado de nuevo por un salvador Higuaín que sigue forjando una leyenda de jugador llamado a ser grande. Se puede ganar un partido salvando metas, pero es imposible cruzarla con éxito si se vive en una ruleta rusa como parece estar la cabeza de un Pellegrini que ve como se encargan de dilapidar una credibilidad partido a partido, desde cualquier frente: decisiones técnicas, necesarias rotaciones que han servido para llenar horas y horas de debates… cualquier excusa es buena para cargar ríos de tinta. He leído desde “¿cuándo rotará Pellegrini?”, a un categórico “Vete ya”, sentencias demasiado fuertes para un entrenador que ha demostrado y con creces, que si le dan tiempo, es capaz de armar grandes equipos.

Tiempo, precisamente lo primero que se veta en el Club madridista, por una prensa acomplejada por el abrumador y preciosista fútbol del eterno rival que sigue enamorando a propios y extraños, un equipo que lleva décadas sabiendo a qué juega, manteniendo un organigrama, un esquema y un concepto de juego que al final termina dando sus frutos, gracias a un tiempo que parece no ser de un Pellegrini abrumado por las prisas, una prensa y algún alto dirigente que parecen esperar en un segundo plano tomar las riendas de una situación, que bajo las órdenes de el ingeniero, seguro estarán en buenas manos.


viernes, 4 de septiembre de 2009

Superproducciones Pérez

Permítanme comenzar esta entrada parafraseando una de esas poesías hechas canciones del maestro Joaquín Sabina:

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.

Al otro lado de los pagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra

Esta entrada tiene un comienzo que se aleja de los cánones de lo ortodoxo. Hay gente, amigos, lectores, que me tachan de subirme continuamente en marcha del tren que más veloz recorre los páramos de hierro. Quizás (seguro), que tengan razón, pero también es cierto ese refrán que versa aquello de que de bien nacidos es ser agradecidos. Uno sólo puede avanzar reconociendo sus errores, y yo, desde aquí, purgo los míos a modo de puñal literario con fecha de 1 de Febrero de este 2009, en la que aprovechaba el adiós de la Casa blanca de Ramón Calderón, para criticar a un antecesor, al que ahora, recibo como agua de mayo, agradeciendo más que el equipo que ha armado, el ser capaz de poner cordura donde antes tan sólo había caos, en ese territorio donde Atila parecía ser su dueño, donde el blanco se hizo negro, y donde un monstruo llamado Real Madrid navegaba a la deriva a la espera de ese marinero curtido en muchas horas a bordo de su Pitina, para reflotar un Titanic llamado a perderse en la profundidad del océano.

Florentino Pérez Rodríguez ha vuelto a su casa, de la que nunca debió salir, pero de la que se vio precipitado tras problemas varios de las que afortunadamente el tiempo y el tesón de su mujer han conseguido solucionar. Muchos han sido los llamados a ser sucesores de Santiago Bernabéu, pero parece ser que el vigésimo sexto inquilino es el elegido, el hombre que hace oro todo lo que toca, que sabe poner música a un equipo, a un amor, que aflora los sentimientos de una masa social que se estremece ante el grito desgarrado de Paco Mercé en ese himno del Centenario que es santo y seña para el madridismo. El hombre de los mil apodos está de vuelta: engreído, prepotente, déspota… Florentino quizás sea un poco de todo eso, pero sobre todo es mucho más. Un hombre que se ha hecho a sí mismo, un ser llamado superior, con una inteligencia rapaz que le hace surcar los cielos con la clarividencia de los Dioses, un hombre que pese al Imperio que ha construido, sabe quién es, de dónde viene, y sobre todo, hacia donde quiere ir; un caballero de los que ya no quedan, que levanta tantas críticas como admiraciones. La envidia es la religión de los mediocres, y seguro que el bueno de Florentino tiene un buen séquito de fieles detractores, que esperan agazapados, como lobos a que su presa haga un alto en el camino para empezar a hincar sus dientes afilados.

El día que retomaba sus labores, y acompañado por su equipo de sabios filósofos que tienen en Valdano su máximo exponente de sapiencia, se anunció una superproducción de la que muchos dudábamos. Dudas que se podían explicar desde varios frentes: por un lado la inercia pesimista en la que el madridismo se encontraba anclado tras varios años paseando sus miserias por Europa; por otro lado, eclipsados ante la larga sombra que proyectaba el triplete del eterno rival; y también, y no conviene olvidarlo, por la época de crisis económica global en la que el mundo se encuentra inmerso, en un marco no demasiado propicio para el proyecto faraónico que necesitaba el Real Madrid para lavar una cara sonrojada ante tanto pitorreo, mentiras, y dimes y diretes. Pero Florentino, ese malabarista de los números, ese Cum Laudem de las finanzas, ese líder callado, se vistió de corto y calculadora en mano empezó a edificar los cimientos de un proyecto condenado a convertirse en Octava Maravilla del Mundo.

Acostumbrados a la mediocridad que desfilaba cada domingo por el Bernabéu, esa clase media que jugaba siempre al límite para tapar las carencias de una plantilla mal confeccionada y carente del calidad, ante las eternas promesas de nombres y hombres, de los Kaka y Cesc de turno, la masa merengue había dejado de creer, de ilusionarse… Demasiadas promesas incumplidas, muchas verdades a medias, excesivos desengaños para una afición acostumbrada al caviar de una época galáctica reciente en la que el nuevo Chamartín de la Castellana era la pasarela futbolística de referencia gracias a los Zidane, Ronaldo y Figo de turno. Los focos habían dado la espalda, pero Florentino ha conseguido cambiar la dinámica de los últimos años, esa lacra de pérdida de identidad, la cual ha sabido recuperar en tan sólo un mes de mandato. Ni las estrellas traídas, ni el buen hacer de los que quedan, ni un ingeniero en el banquillo aseguran un éxito con visos de producirse, pero sin duda, el mayor logro del nuevo Obama madridista ha sido recuperar la ilusión de una masa resignada al duro presente que le estaba tocando vivir.

252 millones de Euros son una coartada suficiente para algunos para criticar y quitar el mérito a esa junta de Gobierno que ha tomado el mando. Se han levantado voces que jamás debieron opinar, muchas y diversas versiones de gente inesperada, como ese clero catalán que se rasgó las vestiduras tras el fichaje de Cristiano Ronaldo, pero que hizo fumata blanca con su silencio tras el importante desembolso por el bueno de Zlatan.



Parece que Florentino vive ajeno a la realidad recesiva que nos castiga a todos, pero más lejos de la realidad. Como patrón modélico de ese titán de la ingeniería que es ACS, Florentino ha desembolsado para luego hacer caja. Lejos de malgastar millones, de despilfarrar cuantías abusivas en sospechosas comisiones, los fichajes de esta temporada son un canto de sirena, un cebo para atraer a una economía aletargada. El dinero mueve al dinero, y Florentino ha vuelto a demostrar que en lo referente a las finanzas no tiene rival. Muchos se alarman, otros tantos dudan de la viabilidad de un Club como el Madrid al que se pone en duda que pueda hacer frente a este desmesurado gasto, pero yo, mientras los cálculos vengan de donde vienen, no cuestionaré cantidades, no pondré en tela de juicio unos pasos que son meditados y que no dejan lugar a la improvisación.

La nueva galaxia vuelve a tomar Madrid, para hacer frente a ese equipo de leyenda insaciable e incansable que sigue llenando su vitrina ganando todo lo que disputa. De nuevo habrá estrella principal a lomos de un evangélico Kaka que parece predicar el buen fútbol que derrocha. Que tendrá de nuevo en la banda derecha al jugador mediático por excelencia, tan guapo como buen jugador, que no cesará en su labor de disputarle a Messi el honor de ser el mejor jugador del mundo. Que tendrá en Xabi Alonso el director de la orquesta montada con los mejores instrumentistas; que con Benzema se tendrá al delantero total del futuro, que crecerá siguiendo los consejos del eterno capitán y alentado por esa competencia sana que hará esa estrella bendecida por los astros que es Higuaín. Un equipo armado defensivamente por sangre ibérica tras las incorporaciones de Albiol y Arbeloa, que tendrán su motor con el renacer de un Sergio Ramos que debe de dar de una vez por todas un paso al frente y recoger el testigo de Fernando Hierro, que tendrá en Pepe a un padre protector que a modo de coberturas pondrá paz donde antes tan sólo había angustia. Un conjunto en la que un Lass llamado a ser un actor secundario tendrá una importancia capital, ya que será el hombre que oxigene la medular blanca.

Un sueño llamado Real Madrid que para producirse se ha cobrado unas víctimas con piel de cordero, en los nombres de Robben y Sneijder, grandísimos jugadores que tan sólo han conseguido brillar por rachas. Jugadores capaces pero prescindibles ante lo ofrecido en los últimos dos largos años, en los que dejan la impresión de poder haber dado más de lo ofrecido. Salidas que han levantado ampollas y alzado voces, pero que eran necesarias para que el equilibrio económico cuadrara, ya que para el deportivo, a buen seguro que Pellegrini hará de un domador de egos y fieras, para hacer de este equipo, una escuadra de leyenda que hace que esa nube negra que se encontraba instalada sobre el Estadio Santiago Bernabéu se vaya para no volver.



Nunca se da tanto como cuando se da esperanza, ese brío color verde que se ha instalada en los ojos de unos aficionados que ya ven el futuro con otra mirada, gracias en parte a ese ser superior que es Florentino.

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.

Al otro lado de los pagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra




martes, 21 de abril de 2009

!Basta ya!: el contínuo milagro

Tras digerir una cena pesada, me enfrento a esta nueva entrada, sin saber exactamente que derroteros tomará lo que abajo un servidor desarrollará. Muchos son los pensamientos que me ha suscitado la enésima remontada, ese canto a la épica que el Real Madrid ha tomado por bandera, ese clavo ardiendo con el que consigue tapar muchas, muchísimas, de las carencias que un equipo agonizante y agotado pasea por todos los campos de fútbol.

Cuando la calidad no es un don, los ganadores hacen uso de la casta, del pundonor y de un esfuerzo sobrehumano que te hace ascender a ese milagro continuo en el que el Madrid lleva anclado tres años. La roja que tanto enamora en la actualidad con esa medular de pequeños hijos pródigos que tiran paredes en pleno campo minado para perforar la meta rival y ser el orgullo patrio, tuvo un tiempo cuyo apelativo, esa furia indomable, le hizo ser conocida a nivel mundial, con hombres como Camacho o Gordillo, que entre cabalgada y cabalgada, en ese ir y venir loco, en ese correcalles perpetuo, consiguió abrir una época con más ruido que nombre. Ese tesón hecho virtud, tiene su Cul Laude en la figura del malogrado Juan Gómez “Juanito”, un hombre hecho leyenda gracias a una fe inquebrantable, que pese a ese accidente mortal, sigue aún, difuminada en esa fábrica de los sueños que es el Bernabéu, escenario de tantos canguelos, de ese chorreo de miedo escénico que forjó una época, una leyenda que en ocasiones, hace acto de presencia ante los parroquianos que están agotando con sus rezos el cupo de milagros y remontadas épicas.

La euforia no puede silenciar la evidencia. Esas remontadas milagrosas que tanto envalentonan a aficionados, que hacen que un estadio ruja cuando la desidia habría hecho acto de presencia, que llena páginas de periódicos y horas de radio y televisión, y hace que el día posterior al partido un buen número de chavales vaya al colegio luciendo con orgullo el escudo de sus amores en el pecho, no es más que el fruto de un equipo campeón huérfano de jugadores de calidad. Un cementerio de elefantes que es la triste realidad que encierra la heroicidad de un Pipa de Oro, que con sus goles no deja de obrar imposibles. Tres temporadas repletas de resultados imposibles, de vuelcos inverosímiles que parecieron tener su punto álgido en la Liga de Capello, con ese final de temporada no apto para cardiacos, con ese partido azorado ante el Espanyol en el que Higuaín establecía en el descuento un 4-3 que empezó a darle sentido al “Juntos Podemos”; a esa última cabalgada de Roberto Carlos en Huelva para sobre la bocina, exhalar su último aliento al club que tanto dio y tanto le dio. A ese amago de vuelta de honor con la que Calderón se retrató tras ese minuto mágico, en el que dos profesionales del gol, tan parecidos y diferentes, se aunaron para terminar matando a su máximo rival, en esos 17 segundos mágicos que separaron el Tamudazo del gol in extremis del gran Ruud; y por último, a la última remontada de la temporada con un actor secundario que por un día soñó con ganar un óscar, y que con sus goles, certificaba una remontada imposible ante un Mallorca que vio como el título trigésimo llegaba a las arcas, que de la manera por la que llegó, por lo inesperado, ya que no se le esperaba, dejó un poso de belleza que silenció el atronador grito que demandaba la situación.

Tras un año de descanso ante el abatimiento y la decadencia de un Barcelona que demostró no tener el orgullo de su máximo rival, ese pundonor que pese a no jugar a nada, le hace aferrarse a cada minuto, luchar cada balón como si fuera el último, luchar cuando otros sólo ven una derrota. Un Barcelona que con su apatía, con la decadencia de hombres como Ronaldinho o Deco, hizo que el debut de Schuster aparcara ese plus y esa estola misericordiosa, que vio como de nuevo, contra pronóstico y contra natura, le hacía ganar un nuevo título, en esa segunda parte de ensueño, donde de nuevo un guión se escribió para ser cambiado en las postrimerías del mismo; Un Madrid con nueve, remontaba y asestaba una cornada mortal a un Valencia que se vio sorprendido y sintió en sus carnes como un tranvía llamado deseo le arrollaba y le hacía perder una SuperCopa a la que ya le estaban serigrafiando su nombre.




Y ahora que las etapas pirenaicas tomarán el rumbo de la Liga, el Madrid vuelve a aferrarse a ese estado de continuo ensueño, en el que tan cómodo se siente y que tanto ansía. Ese primer milagro se ha producido esta noche, ante el Getafe, en ese partido roto que con ese derechazo teledirigido de ese semiDios que es Higuaín ha empezado a escribir su leyenda, ese eterno milagro que amenaza y espera agazapado al mejor Barcelona de la historia, que pese a esa abrumadora superioridad perpetua con la que está apabullando este año, se acuesta a tres puntos, sintiendo en su cogote, un aliento que por la cercanía en el tiempo, le hace volver a acordarse de ese Tamudo, de ese Sobis, de esos ladrones de esperanzas que ya hicieron volar un título que tenían ganado dos años atrás.
Ya lo decía el gran Calderón, no Don Ramón, sino De la Barca, en ese monólogo de Segismundo:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Los sueños, sueños son, y un club como el Madrid, no puede vivir en una eterna fábula. No se puede engañar a sí mismo con la casta de un grupo de profesionales del balón, que son el orgullo de una masa social que debe de reconocer el sacrificio, el derroche, el amor por la camiseta con el que hacen acopio cada domingo. Un grupo humano que se deja hasta la última gota de sudor, que se exprime cuando otros claudicarían. Que pese a pucherazos en Asambleas, pese a cambios continuos de entrenadores y bailes de presidentes, ante la continua inestabilidad e incertidumbre que le rodea, sigue dando la cara, peleándole al Barcelona un título, que de no ser por esa valentía que roza la osadía, llevaría ya mucho tiempo en Camp Barça
La altura de un árbol no debe impedir poder contemplar la belleza de todo un bosque. Un club como el Real Madrid no se puede jugar una de sus siete vidas en ese cara o cruz que es esta liga con los Drenthe, Marcelo, Javi García… jugadores aprovechables pero sólo como peones de un ejército de primeras espadas y no como gladiadores en el circo romano que es el Madrid actual, un club carente de hombres y nombres, que le hace lucir sus miserias por Europa. Un equipo que da para andar por casa, pero que cuando cruza los Alpes, se autorretrata, ante la falta de jugadores competitivos que suplica un Casillas, que pese a quién pese, y caiga quien caiga, debe ser ya el capitán de un club que necesita una remodelación profunda, desde su más alta esfera, hasta el terreno de juego, pasando por un servicio médico que debe responder ante la plaga de lesiones, haciendo también parada en una directiva que hizo el ridículo con la EuroChapuza de Lass y Huntelaar. Un Club que fue grandioso y rezumaba esplendor, y que en la actualidad no es siquiera, una caricatura, una broma pesada que hace que cualquier tiempo pasado fuera mejor

Ese aferrarse a un milagro continuo, a ese gol imposible, hace que el Madrid actual sea un club vulgar que roza la locura, que le hace ir al límite y a veces cruzar esa delgada línea que separa al cuerdo del loco, que hace perder la compostura a un Pepe que demostró que todo buen escribano puede tener un borrón; un paciente psiquiátrico que ni mucho menos puede justificar lo realizado por el sucesor de Hierro, que debe, debiera y sufrirá un castigo ejemplar por ese ataque de locura que le hace el estar continuamente colindando y haciendo malabares sobre el precipicio, sobre esa ruleta rusa en la que el Madrid tan bien se desenvuelve, pero que un día no muy lejano, le hará suicidarse, confundir la bala de un revolver, que hará que por una vez el tiro salga por la culata, y la gloria de los títulos se escape, y tan sólo quede la miseria de un grupo de jugadores con orgullo, pero sin calidad para cotas de altos vuelo. Una institución, que aún contradiciéndome de una entrada anterior de este blog (El Señor de los Anillos), puede que necesite la vuelta de un Florentino Pérez, ese ser superior, que parece ser el único capacitado para instaurar la paz, para hacer que los mejores vistan de blanco y recuperar toda la gloria que se desangra sin remedio en un enfermo terminal que espera el estocazo de la muerte con la dignidad de los campeones



"Era tan rico que sólo tenía dinero"

martes, 17 de marzo de 2009

CASILLAS: Dr Jekyll and Mr Hyde

Tras 25 años como profesional, 11 de ellos en la más alta élite; tras conseguir un palmarés digno de alabanza donde se acumulan 6 Ligas, 3 Supercopas y 2 Copas del Rey, donde hay lugar para dos galardones tan reseñables como lo son sus 2 Zamoras, y haber portado con orgullo 7 veces la elástica de la selección española, Paco Buyo será y es recordado sobre todo por esa interpretación de tan alta plasticidad y calidad artística en la que volaba sobre un Bernabéu enardecido en pleno auge de un derby madrileño, cayendo sobre la figura de Futre en aquel comentadísimo Diciembre del 88. Lástima la fragilidad de una memoria, que castiga con excesiva dureza sus coqueteos con el paso del tiempo y que rellena sus vacios con lo que vende, con lo que prende, con lo que escandaliza y que secunda y minimiza todo lo demás

Esa suerte suprema que es el deporte, donde tan sólo los éxitos personales y colectivos debieran premiarse, se ha visto mancillado en más de una ocasión por deportistas llamados a actores, que ven claquetas donde tan sólo hay oasis, un páramo de divina providencia que los hace interpretar papeles a los que no están llamados y que los marcan por sus deméritos. Es en parte la esencia de la picardía, ese pasito que distingue a los preparados de los audaces, que decantan balanzas y ganan enemigos con la misma fiereza que adeptos.

A lo largo de la historia del deporte, muchos han sido esos bulos que han llenado horas de radio, que se han amontonado en páginas de diarios y han sido el padrenuestro de múltiples comidillas: la mano de Dios de un Maradona que subió a los cielos, la misteriosa brecha del portero chileno Roberto Rojas, la caída del espigado Dida ante el leve roce de un aficionado escocés… Actuaciones dignas de Hollywood y merecedoras de la tan perseguida estatuilla, cazadores cazados por ese severo juez que es la cámara, y que condena al implicado a un halo de duda y trampa que será difícil de olvidar.
¿Vale todo para ganar? ¿Es todo lícito en este cada vez más corrompido y desvirtuado mundo? ¿Es ético y justificable cambiar el agua de los botes de avituallamiento por un elixir para vencer a un mermado contrincante? Está claro que no siempre el fin justifica los medios; no todo vale si para ganar hay que perder algo tan importante como la dignidad.

El pasado sábado, un nuevo suceso copó espacios dominicales. San Mamés, la cuna de la casta, del derroche del esfuerzo, de la virilidad y la batalla fue testigo del desplome de un santo azotado por un demonio tras el éxtasis de la recompensa del gol. Mucho se ha escrito y comentado sobre el derrumbe de Casillas y su posible actuación dramática. Los extremos que parecen ser la tendencia que rige la existencia humana vuelven a ser la doctrina a seguir. No hay margen de error; hay que santificar o sodomizar al bueno de Iker; es una agresión o una vil simulación; el todo o la nada, el recuerdo o el olvido; 10 segundos en la vida de un profesional que no debieran marcar su intachable carrera. Cierto es que Casillas, bajo su planta de galán de cine y esa cara de niño bueno, difícilmente se pueda desplomar por la furia de un Fran Yeste que embistió como un potro desbocado al bueno de Iker. Pero tan cierto es, que dicha embestida existió; la gravedad de dicho percance y su posible ascenso a agresión tan sólo debe estar bajo el punto de vista del colegiado, un Muñiz Fernández que vio como un reincidente en eses menesteres Fran Yeste arrasaba, puños hacía delante a un adversario.
No hay que justificar la sobreactuación, pero tampoco pienso que haya condenar al agredido. Es como, si permítanme la comparación aún a sabiendas de que pueda resultar odiosa, se condena a una mujer violada por pensar que lo iba buscando al arreglarse y ponerse guapa. No nos podemos cegar por la envidia que suscitan los que más alto llegan. El agresor siempre será el infractor, y el agredido tan sólo debe sufrir la reprimenda de ese brazo ejecutor que le atiza y le ataca. Por lo tanto, aquí hay un solo culpable (Yeste) y un agredido (Casillas); para la gravedad y los castigos ya están los comités, que son los que, vídeo en mano, acotan la sentencia. Se ha visto que el ataque se produjo, y se ha visto que dicha agresión no fue digna para recibir tan dudoso honor, por lo que con un partido queda el reo condenado

Los futbolistas, ese espejo en el que se observan y en el que a su amparo, una cada vez más huérfana juventud intenta encontrar ídolos para encontrar metas a sus sueños, deberían ser el reflejo de unos valores que se están perdiendo. Y ahí es donde encontramos la mejor interpretación de un Casillas, que sabe colgar los guantes para disputarle una pachanga a unos niños harapientos a los píes del Machu Picchu, que golea al temido cólera y que pasea su porte y su grandeza por hospitales repletos de niños enfermos que encuentran en su visita la mejor medicina radiactiva que mate sus miedos y sus tempranos sufrimientos. Una persona comprometida y coherente capaz de acallar y silenciar a sus propios ultras ante el ensañamiento ante un rival (Gurpegui eres un yonqui), que aguanta con estoicismo como teléfonos, mecheros o incluso navajas minan su hábitat que es el área chica. Un buen compañero pero mejor aún rival que ha paseado su modesta grandeza. Un grande que no es galáctico, sino de Móstoles




Casillas no es un enfermo bipolar. No debe ser comparado con el Dr Jekyll and Mr Hyde. El capitán de España es una víctima de sí mismo, de esa figura perfecta que se ha orquestado hacia su persona, y que él mismo se ha encargado de avivar gracias a su día a día. Pero Yeste tampoco es un violento sin solución, un agresor que asalta con nocturnidad y alevosía. Si se deben buscar culpables, deberían buscarse entre aquellos que difaman con intereses varios, que piensan sus ataques y se atreven a escribir calificaciones tan graves, estériles y carentes de sentido como las publicadas en la web oficial de un club admirado y señor como es el Athletic de Bilbao: "... después de la triste actuación de Casillas, ese yerno ideal que muchas madres, decían, querían tener y que, además de mentar a alguna, se ha quitado la careta y es que nadie es perfecto por muy seguro que se sienta". Un club que es fiel a su historia y que no puede permitirse el lujo de fallarse, a él y a los muchos seguidores que saben apreciar su grandeza y su mérito somero. Un mito que tiene en sus filas a gente tan capacitada y honesta como Orbaiz, capaz de no buscar remiendos ni campañas en su contra a la derrota del pasado sábado ante un Real Madrid que siempre será juzgado bajo unos cantos de sirena entonados en tiempos de dictadura bajo el epitafio de “Así, así, así gana el Madrid”

Equivocarte es una buena forma de aprender, y a buen seguro que de esta intrahistoria, ambos protagonistas habrán sacado sus propias lecturas; unas lecturas que por momentos han podido desviarse o desvirtuarse por una prensa radical que busca conflictos y polémicas, que se relame ante su presa, que le hinca el diente y le deja morir desangrada a sabiendas de que lo que vende es el morbo y la dureza, y es que el hombre prefiere una mentira brillante a cien grises verdades




"Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra"

domingo, 1 de febrero de 2009

El Señor de los Anillos


Hubo un tiempo no muy lejano, en el que el mejor equipo del siglo XX dejaba constancia de su honorífico título a base de señorío y buen hacer; hubo un tiempo en el que los mejores jugadores se peleaban por vestir de blanco, por acudir a la Fábrica de la Castellana y hacer rugir a los 87.554 feligreses que con devoción demuestran su fe en el esfuerzo, en el espíritu y el tesón con absoluta puntualidad cada fin de semana. Hubo un tiempo en el que un presidente marcó el devenir de la historia del equipo de fútbol más influyente del mundo, cambiando a su paso la historia del deporte rey. Hubo un tiempo en el que las Copas en blanco y negro se siguieron de otras tres en color tras 32 años de sequía; pero hubo un tiempo en el que todo esto se perdió, la grandeza se difuminó, y el equipo majestuoso y señorial se quedó sin grandeza ni estrellas, sin respeto, sin esos valores que el dinero no puede comprar y que son los más valiosos.
Es difícil citar el germen del problema; Mendoza y Lorenzo Sanz siempre estuvieron perseguidos por un halo de nocturnidad y alevosía, de un toque de forofismo en cubierta que fue capaz de secundar a Octavas y Quintas del Buitre, a chilenas de Hugo Sánchez y a tijeras de McManaman, a aguanises de Raúl y a regates sobre la cal del antecesor del 7 de España.
Es difícil justificar la labor extradeportiva de Don José Ramón Calderón Ramos, el décimo octavo inquilino de la segunda Casa Blanca más cotizada del mundo. En su honor quedarán sus dos ligas de connotaciones opuestas; la de la épica de la remontada y la de la excelencia no tan sublime que trajo un halo disfrazado de superioridad que acabó con un record de puntos y con un paseíllo del eterno rival. También quedará la Supercopa contra el Valencia, que se ajustó a lo que han sido sus dos años y medio de mandato, remar y remar, luchar contra todo y contra todos, jugar en inferioridad numérica hasta alzar los brazos victoriosos. Pero lejos de esos tres títulos, lo que quedará será la dilapidación de una galaxia anclada en su propio ego, un perfume rancio de Channel que terminó marchitando el pasto de Don Santiago. Cerró tres años de sombras calladas con Gravessens y Pablos Garcías, tomando el testigo de un ser superior que cogió su bote salvavidas privado para no hacerse terrenal.
Ese mismo hombre que ha sido el principio del fin del palentino que durante un corto periodo ha cumplido su sueño y lo ha vivido despierto, debido en parte a que los inmensos frentes en los que se vio inmerso le impidieron un momento de relax. Y es que el Real Madrid, como instución y como empresa, como marca y como seña de identidad, es el caramelo más tentador para las altas esferas de la sociedad poderosa de un país. Políticos, empresarios y trovadores que manejan desde las sombras los hilos de un Club que ha pasado a ser una marioneta del negocio, de las recalificaciones y de esos valores ajeno a lo deportivo y que imperan en el actual mundo del deporte.
Hay muchas maneras de ascender una cima, pero tan solo hay una cima. Y es que el fin no justifica los medios, y Ramón Calderón se ha visto devorado con la misma máquina quitamiedos con la que azotaba las asambleas de compromisarios, con la que barrió el tufo de ese ser superior frio y calculador que eclipsó esa nova luminosa que él mismo se había inventado. No voy a ser yo quién justifique los errores de Calderón, que han sido muchos y variados en tan poco tiempo de mandato. Con esa pinta de forajido del Oeste, de mafioso de película italiana, con su versatilidad para recorrerse el mundo para aparecer en la foto, para dar vueltas de honor anticipadas, y sentir como propio un éxito que siempre se le ha negado y que él ansiaba tener. El Real Madrid son Zamora, Di Estefano, Buitres y Zidanes. Un elenco de estrellas, en el que personajes como Nanín o Bárcenas nunca debieron tener cabida, ni mucho menos protagonismo. Un club como el Madrid no puede hacer el ridículo con la normativa invernal de la Champions, ni entrar en disputa con un coloso inglés comandado por un senil Lord-Sir de dudable calidad ética y personal. El mejor club del siglo XX no puede quedar en evidencia intentando fichajes de relumbrón dando palos de ciego, ni se puede arrojar a la desesperada para recibir el No de jugadores menores. El Real Madrid parte con el hándicap de que le sube el precio de los fichajes por el simple hecho de llamar desde las oficinas de Concha Espina, pero ese encarecimiento tiene que compensarse por la gloria y el hambre de las estrellas que siempre han querido y querrán vestir de blanco y seguir agrandando la leyenda defendida por ese ramillete de privilegiados que se han enfundado la elástica blanca, y que la han paseado con dignidad por el mundo.
Ramón Calderón acabó desquiciado; nunca trabajó tranquilo, siempre tuvo una orquesta que tocaba desafinada la partitura para poner en duda la labor del director. Desde su carente de credibiliad victoria en unas elecciones al descubierto, ha sido un hombre puesto en duda. Una duda llegada desde altas estancias y secundada por una prensa corrompida por el poder que unos dan y otros quitan. Y es que a buen seguro, que ese ser superior que dejó el barco, que a buen seguro que retomará este verano como mesías apocalíptico viniendo de la mano con el venerado Zidane, que traerá de nuevo a magos y virtuosos para retomar la galaxia que él trató con dejadez y mimos mal repartidos, ha tenido mucho que ver en esa campaña orquestada y que ha quebrado el titanic que él tanto manifiesta querer. Calderón siempre se lo olía, y buscaba iceberg para evitar la colisión, intentaba dar golpes de timón para evitar su hecatombe, pero al final, ese barco llamado deseo se agrietó y el año ha terminado por inundar el nuevo buque de Boluda
Si saco algo de los acontecimientos que se han sucedido últimamente, es que la política es la madre de todas las batallas, y de que las grandes empresas son la base desgraciadamente de todo con lo que nos vanagloriamos. Los Aznar, Villalongas y Florentinos, son las muestras perfectas de lo que se ha convertido la sociedad actual. Unos magos en ocultarse en caretas para buscar su gloria personal, su prestigio y su dinero, poderoso caballero es ese, que motiva e incentiva a un diario “neutral” a buscar con ahínco una falsa en la Asamblea, que ha terminado por demostrar que detrás de la pompa del Bernabéu, detrás de las cuatro torres que la empresa de Florentino consiguió construir tras su paso por la Casa Blanca, se encontraba un tufo de mentira y soborno, de ultras y pucherazos. Marca lo descubrió porque ocurrió ( no justifico lo hecho por Calderón), pero me surgen dudas al ver si interés inusitado para que el sillón presidencial cambie de inquilino, para que las posaderas de un ser superior vuelvan a posarse en el trono que una vez dejó atrás. Un adelantado para los negocio venido a más, de indudable aptitudes intelectuales muy por encima de la medi y de mejores contactos que agrandó su aureola y status a su paso por Chamartín. Pero ahí los periodistas no jugaron a detectives, no comprobaron fotos ni contratos, no mandaron a sus sabuesos para rastrear el olor a salchicha que cualquier perro callejero hubiera sido capaz de percatar. Me temo el motivo de esa falta de atención, de ese despiste generalizado que hace que la vida de algunos sea un camino de rosas sin espinas, y que en el otro lado del terreno, convierten la existencia de los no eruditos en un campo de minas al estilo Afganistán

Que Dios nos pille confesados, porque más de uno tendrá que pasar por el confesionario. Críticos y detractores; peones, albañiles y arquitectos afanados en destruir a un Imperio. Pero el Real Madrid volverá a reinar: todo lo que no le mata le hace más fuerte

Descanse en paz, Don José Ramón Calderón Ramos


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Era tan rico que se creía inteligente

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Dicho popular que demuestra la idiosincrasia de la especie humana, afanada en los cambios y el progreso, y que sin embargo, es capaz de dejar las cosas de verdadero valor por el camino. Tan solo los narcisistas que invierten todo su tiempo en mirarse su propio ombligo son incapaces de darse cuenta de que han perdido, ese camino que te lleva a esa utópica meta que es la consecución de un sueño, eso por lo que luchamos día a día, y que al conseguirlo, nos deja esa extraña sensación de frialdad y de vacío
Bernd es uno de esos hombres; obstinado en entrar en perpetuo conflicto con el mundo y sus entresijos, ha desperdiciado la oportunidad por la que todo el mundo se hubiera tirado una vida entera. Y no hablo sólo de ser el entrenador del Real Madrid como institución en particular; me refiero a la élite en la que tan sólo los elegidos son capaces de llegar pero que tan sólo unos pocos son capaces de digerir y aceptar. Bernardo es un buen entrenador; lo demuestra el buen fútbol que hizo con equipos menores como el Xerex o el Getafe, pero la cima del iceberg parece que le ha impedido ver el valle y le ha hecho perder el rumbo. El tren sólo pasa una vez en la vida, y es de necios o de egocéntricos dejarlo pasar. Porque eso es lo que ha hecho el bueno de Bernardo. De carácter teutón y humor germano-andaluz, se ha embaucado en desprestigiar a todo lo que le rodeaba. Cierto que fallaron los fichajes, cierto también que la plantilla es corta, no es menos verdadero que las lesiones han mermado someramente a un equipo con amplias lagunas, pero Bernardo no ha luchado, y ya se sabe que aquel que no quiere ganar ya ha perdido. Bernardo necesita cariño para no sacar a pasear peinetas e insultos; Bernardo es un niño en un cuerpo de hombre, un adulto que se ampara en su pícaro bigote hirsuto para despotricar de la mano que le da de comer. Los genios son así, grandes e incomprendidos, autistas y autoritarios
El bueno de Bernd es un buen entrenador, pero no podemos dejar que la humareda nos deje tener visión amplia. Schuster ganó una Liga de manera brillante pero engañosa. Con un equipo que había recuperado la inercia ganadora, se supo aprovechar del declive blaugrana para poner tierra de por medio desde el principio, con un juego sin excelencia pero cubierto por una solidez defensiva. Sin alardes ni rondos, pero con el instinto asesino de Van Gol; sin tikitaka prometido, pero con un grupo de valientes espartanos que se empeñaros en hacer del pasado campeonato un paseo. No hizo falta el buen juego que se esperaba; cierto es que a lo largo del curso futbolístico, su equipo brindó alguna tarde de gloria, sobre todo con los rivales directos: no se puede olvidar la goleada en el Madrigal, la aplastante pegada de Mestalla, el sobrio partido del Camp Nou, el clásico del pasillo y algún otro partido que se puede contar con los dedos de las manos, y que sirvieron para darle empaque a una victoria sin rival.
Pero este éxito parcial no puede cubrir las muchas carencias que su equipo atesoraba. Se alardeaba de tener a la mejor defensa del mundo, pero cierto es que sin los milagros del santo Casillas, las múltiples jugadas de peligro que recibían hubieran tenido otro desenlace. El juego de ataque recaía en el prestigio de un ancestral goleador, de nombre Van y apellido Nistelroy, un profesional que dejó sus dudas borrándose del equipo cuando cayó eliminado de la Champion para operarse y afrontar con garantías la Eurocopa. En los 591 días que ha durado el reinado Schuster, su equipo tan sólo ha sido capaz de imponerse en dos eliminatorias a doble partido. La primera de ellas, ante un 2ªB, el Alicante, en una eliminatoria que necesitó del amparo del Bernabéu y de la prórroga, y la Supercopa de este año contra el Valencia, apelando a la heróica y con dos hombres menos y sin juego, pero con casta, para solventar una papeleta. Por el camino, ha sido incapaz de imponerse a eliminatorias fáciles y a priori superables, como la primera SuperCopa contra el Sevilla con baño incluido, el Mallorca en Copa del Rey, la Roma que dio una exhibición táctica ante el renqueante esquema táctico del alemán, y la más sonrojante y que ha propiciado la cascada de sucesos, ante el Real Unión, que sacó a la luz las miserias de un equipo que es un cementerio de elefantes, donde la veteranía se niega a abandonar y ceder su protagonismo, y los egos personales prevalecen sobre los escasos nuevos talentos que se cortan de raíz. Esa cruz a doble partido ha sido un cáncer para Bernd; un equipo que tiene la Copa de Europa como alma máter, no puede ver como sus esperanzas se chocan continuamente contra el mismo paredón, ante la impasibilidad y el despotismo ilustrado que creía tener el hombre de hielo.
Pero ese no ha sido su pecado capital y que le ha hecho purgarse en su propio infierno. Por la boca muere el pez, y Schuster llevaba tiempo intentando conseguir lo que ha alcanzado. Es curioso que no le hayan atendido las muchas peticiones de fichajes que ha hecho, pero al fin la directiva ha escuchado una de sus plegarias y le ha puerto las maletas en la calle previo pago de siete millones de euros, cifra irrisoria sobre todo en tiempos de crisis, que hablan de la locura colectiva que es este glorificado mundo del fútbol. Schuster no cumplió con lo prometido: no se vio la excelencia, dejó devaluada la imagen del club con sus contestaciones ante la prensa, ante rivales, ante compañeros rivales de los banquillos, y sobre todo, ante ese Club que es el amparo de un sin fin de seguidores que lo tienen como pañuelo de lágrimas, que esperan la llegada del domingo para acudir a Chamartín, para agolparse ante el televisor, para comerse las uñas y abrazarse con el arte supremo del gol, ante esa multitud callada a la que has fallado y pisado, y ese ha sido el comienzo del final, el final del comienzo. Una oportunidad perdida, pero no dolosa, ya que la indemnización le servirá para algo más que tapar huecos
Cada victoria incluye en sí un nuevo combate, pero tú, Bernardo, hace mucho que dejaste de luchar. Larga vida al Rey, descanse en paz, Bernardo